El poder
Desde 1930, Rafael Leónidas Trujillo convirtió a la República Dominicana en una extensión de su persona. La capital pasó a llamarse Ciudad Trujillo, su retrato era obligatorio en las casas y el lema oficial del régimen era “Dios y Trujillo”. Su servicio de inteligencia, el SIM, vigilaba conversaciones, cartas y rumores. Criticarlo, incluso en privado, podía terminar en La Cuarenta, uno de los centros de tortura más temidos del país.
En 1937 ordenó la Matanza del Perejil, en la que miles de haitianos fueron asesinados en la frontera en pocos días.
La noche del 30 de mayo de 1961
Trujillo viajaba en su Chevrolet Bel Air por la carretera que unía la capital con San Cristóbal, sin escolta, como tantas otras noches. Lo esperaba un grupo de conspiradores. Muchos habían sido colaboradores, militares y funcionarios del propio régimen.
Cuando el auto apareció, comenzó la emboscada. Trujillo intentó responder con su arma, pero cayó sobre el asfalto bajo una lluvia de balas. Tenía 69 años.
Lo que vino después
Su hijo Ramfis regresó de París y encabezó una cacería brutal contra los conspiradores. Pocos meses después la familia abandonó el país. Las estatuas cayeron y la capital volvió a llamarse Santo Domingo.
El hombre que se creía intocable murió en una carretera oscura, abatido por quienes alguna vez lo habían protegido.
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Del episodio Así murieron los dictadores más temidos del siglo XX.